84. La forma que toma el amor.
Despierto esa mañana con la sensación extraña de que el mundo ha dejado de girar en su órbita conocida y flota ahora en un espacio que no le pertenece, suspendido entre el sueño y la vigilia, como si lo que me rodea estuviera cubierto por un velo demasiado delgado para ocultar lo que late detrás. El santuario, aún en ruinas, parece contener un silencio distinto al habitual, más profundo, más expectante, un murmullo imperceptible que se cuela entre las piedras y resuena dentro de mí. No sé si pr