85. Voces que no ardieron.
Mientras el santuario se hunde en ese silencio espeso, su presencia se expande como un campo invisible que lo llena todo, impregnando el aire de una energía que anuncia que lo próximo será más oscuro, más ardiente, más impredecible que nada de lo vivido.
Y en ese instante lo comprendo: la forma que toma el amor no siempre es la que esperamos, ni siquiera la que deseamos. A veces se manifiesta como un espejo que nos devuelve lo que somos, desnudo y cruel, pero también inevitable.
Estoy lista, au