66. Entrega tu cuerpo, entrega tu alma.
Despertar nunca había sido tan incierto, como si mis sentidos se hubieran disuelto en un océano oscuro donde ni siquiera la luz de la luna podía alcanzar a tocarme, donde la realidad parecía un hilo quebradizo que se me escurría entre los dedos y cada pensamiento se enredaba con otro, formando un laberinto imposible de atravesar sin perder algo de mí misma en el camino. Había decidido cruzar un umbral antiguo, un umbral que ni siquiera el tiempo se atrevía a nombrar en voz alta, uno que guardab