622. La línea que no se rompe.
No cortar antes.
La decisión queda flotando entre nosotros como una cuerda tensa.
La siento en el pecho, en la garganta, en cada punto donde el cuerpo empieza a anticipar lo que viene. No es miedo. No exactamente.
Es conciencia del límite.
Y de lo fácil que sería cruzarlo.
Kael no se mueve de inmediato. Me observa, midiendo. No busca controlarme. Está calibrando el suyo.
Eso es lo que cambió.
Antes nos dejábamos llevar hasta el borde sin entender qué lo provocaba.
Ahora sabemos que el borde tam