628. Lo que arde sin permiso.
El silencio que deja no se disuelve.
Se queda.
Pegado a la piel.
Metido en la respiración.
No es como lo otro. No es ese zumbido que aprendimos a detectar, a nombrar, a cortar. Esto no empuja desde afuera.
Permanece.
Como si ya hubiera cruzado.
No me muevo.
Porque si lo hago demasiado rápido, sé que voy a reaccionar desde el impulso… y no tengo claro de dónde viene ese impulso ahora.
Kael lo nota.
Siempre lo nota.
—Névara.
Mi nombre en su voz es firme. No suave. No cargado. Es… una llamada a vo