623. Bajo la piel del instinto.
El límite ya no es una línea, es un territorio, y estamos dentro.
El sol termina de elevarse, pero no trae alivio. La claridad no disuelve lo que sentimos; solo lo expone mejor. Todo está más visible ahora: las reacciones, los microgestos, las respiraciones que se desacomodan apenas un segundo más de lo normal.
Nada se nos escapa, y eso… es agotador, pero necesario.
Riven se mantiene en silencio, concentrado en sostener su propio eje. Lo observo de reojo. Su postura ya no es la de alguien invad