618. El pulso de la grieta.
No me gusta cómo me mira.
No es miedo lo que siento. Es algo más preciso. Más incómodo.
Reconocimiento… incompleto.
El hombre que emerge entre los árboles camina con pasos firmes, pero su cuerpo no acompaña del todo ese ritmo. Hay un desfase. Como si algo dentro de él llegara tarde a cada movimiento.
Lo conozco.
—Riven —digo, sin apartar los ojos de los suyos.
Kael no dice nada, pero su postura cambia apenas. Lo suficiente. Está listo.
Riven se detiene a unos metros de nosotros. Su pecho sube y