631. El límite que no elegí.
No vuelve de inmediato.
Pero tampoco se va.
Eso es lo que más pesa ahora.
No hay presión constante, no hay susurros, no hay impulso forzado… pero la sensación de que algo está demasiado cerca, demasiado atento, no desaparece.
Es peor así.
Porque no hay nada que cortar.
Nada que señalar.
Solo… espera.
Kael no se separa de mí. No me toca, pero su presencia es firme, constante. Riven se mantiene más atrás, respirando mejor, más centrado.
Todo parece… estable.
Demasiado.
Y eso ya no me tranquiliza.