605. Lo miro de reojo.
No regresamos de inmediato a la fortaleza.
Acampamos en las afueras de la aldea, donde la tierra aún conserva el calor residual de la grieta. No quiero alejarme demasiado. Si vuelve a abrirse, lo sentiré antes que nadie.
La noche cae lenta.
Los aldeanos mantienen hogueras encendidas, como si el fuego común pudiera ahuyentar lo que no entienden. El viento mueve las llamas en direcciones irregulares. La energía todavía no se ha asentado por completo.
Estoy sentada sobre una roca baja cuando Kael