606. Él da un paso al frente.
El horizonte se abre como una herida inmensa y yo no retrocedo, aunque cada fibra de mi cuerpo reconoce que esta vez no estoy frente a una grieta aislada sino ante la voluntad completa de un mundo que intenta imponerse sobre el mío, y aun así mantengo la columna erguida, la respiración estable, el pulso dorado expandiéndose bajo mi piel mientras la presencia de Kael late dentro de mí como un segundo corazón que no compite, que no exige, que simplemente sostiene.
—Esto ya no es una provocación —