600. Eso me detiene un segundo.
Los cuernos del Consejo no suenan como advertencia.
Suenan como sentencia.
El bosque todavía huele a energía quemada cuando regresamos a la fortaleza. El cuerpo inerte de Darven queda atrás, vacío ahora, sin esa vibración oscura que lo sostenía. No intento mirarlo demasiado tiempo. Lo que lo habitó ya no está aquí.
Pero sabe que lo enfrenté.
Y el Consejo también lo sabe.
Camino junto a Kael. No me suelta. Su mano firme en mi cintura no es posesión; es ancla. Mi piel sigue sensible, cada roce am