542. Demasiado armónica.
No duermo.
La ciudad tampoco.
La estabilidad que logramos en el Sector Sur dejó una marca invisible en el sistema. Lo siento como una vibración baja que no desaparece, una tensión contenida que espera el siguiente movimiento.
Estoy sola en la sala principal cuando el pulso interno cambia otra vez.
No es alerta.
No es amenaza.
Es… atracción.
Cierro los ojos.
Algo, en algún punto profundo de la red, está generando una frecuencia que no reconozco. No es forzada como la de Maera. No