543. Abro los ojos de golpe.
Por primera vez desde que todo empezó… la red no me está escuchando.
Me está observando.
Lo siento mientras permanezco acostada, con la ciudad vibrando bajo el suelo y la noche pegada a la piel. No es vigilancia externa. Es algo más íntimo. Más inquietante.
Es curiosidad.
El pulso en mi vientre late con suavidad constante. Estable. Profundo. Ya no amenaza con absorberme ni intenta centralizarme. Tampoco busca perfección absoluta.
Ahora hace algo distinto.
Imita.
Cierro los ojos y me sumerjo.
La