496. La cámara donde nada se toca y todo arde.
La cámara no fue concebida para el diálogo.
Eso lo sé apenas cruzo el umbral: la disposición circular, la ausencia de jerarquías visibles, la luz filtrada desde arriba como si la claridad misma evitara comprometerse con un punto fijo. No hay tronos ni estrados, solo una geometría pensada para sugerir igualdad mientras observa cada gesto con una atención casi obscena.
Entro sola.
O eso creen.
Saelith no se manifiesta como presencia ajena, sino como una modulación interna, una afinación precisa d