495. El punto donde la atención se vuelve deseo.
La noche no cae de golpe, se desliza con una lentitud casi calculada, como si el propio recinto necesitara tiempo para decidir qué hacer con lo que ha comenzado a cambiar, y mientras camino por pasillos que ahora me reconocen sin asignarme un lugar fijo, percibo con claridad que el aislamiento simbólico que intentan imponerme no busca silenciarme, sino volverme disponible para interpretaciones ajenas, una figura flotante sobre la que cualquiera puede proyectar temor, expectativa o ambición.
Es