492. La arquitectura del consentimiento.
No me ofrecen refugio ni absolución, porque después de lo ocurrido ambas palabras han quedado contaminadas por una cortesía que ya no confío en habitar, y así me desplazo por un territorio administrativo que se reconfigura a cada paso, consciente de que mi estatus ha pasado de anomalía tolerada a variable estratégica, una categoría incómoda que nadie sabe si debe ser contenida, protegida o sacrificada con elegancia.
Las repercusiones se propagan con una lentitud engañosa.
No hay comunicados ofi