491. Donde la confianza se vuelve un arma blanda.
El silencio posterior a la escena pública no es vacío, es expectante, un silencio que se estira como una piel demasiado tensa, y mientras avanzo por corredores asignados a quienes ya no merecen tránsito libre, siento cómo la narrativa de mi caída se solidifica en capas superpuestas, versiones que no me pertenecen pero que ahora caminan conmigo como sombras funcionales, útiles para quienes necesitan creer que todo sigue un curso comprensible.
La tercera fuerza no tarda en materializarse.
No como