489. El arte de ofrecerse sin entregarse.
El mensaje no llega como advertencia sino como cortesía, envuelto en un protocolo tan impecable que solo alguien entrenado en la violencia simbólica podría haberlo diseñado con tanta delicadeza, y cuando acepto la audiencia comprendo que no lo hago por confianza ni por desafío, sino porque hay encuentros que, si no se atraviesan, terminan gobernando desde la omisión.
El espacio elegido por Eryndal no es neutro.
Es íntimo sin ser privado, elevado sin ostentación, y cada superficie parece pensada