470. La intimidad como acto de guerra.
No hay celebración tras la caída del Cónclave ni alivio visible en la ciudad que aprende a respirar de nuevo con cautela, porque los sistemas que se sostienen sobre la negación no colapsan de una vez, se reacomodan, se disimulan, adoptan otros nombres, y mientras observo ese reajuste silencioso desde un balcón que ya no me pertenece del todo, comprendo que el margen en el que he quedado situada no es un refugio, sino una exposición permanente, un lugar donde cada gesto adquiere valor político i