47. Entre el silencio y el deseo.
El silencio del santuario no es tranquilidad, no lo ha sido nunca. Es un vacío que se enrolla en las paredes como humo antiguo, que se pega a la piel y se incrusta entre los huesos, un espacio lleno de lo no dicho, de palabras que nunca encontrarán forma ni voz, de recuerdos que se arrastran como serpientes, con la paciencia de quienes saben esperar el instante exacto para atacar o proteger. Y allí, entre ese aire espeso y el eco de los pasos que una vez conocí demasiado bien, se mueve Averis,