423. Quien aprendió a tocar sin pedir permiso.
Névara siente la intrusión antes de que tenga nombre.
No llega como ataque, ni como advertencia formal, sino como una alteración sutil en el ritmo del espacio, una cadencia que no pertenece a los Selladores del Cónclave ni a los flujos antiguos que ya reconoce como propios, y esa diferencia es precisamente lo que la obliga a detenerse, a afinar la percepción con una atención que roza lo íntimo.
—Esto no es contención —dice en silencio—. Es… imitación.
Aeshkar no responde de inmediato.
Cuando lo