420. Donde el mundo golpea cuando una deja de callar.
No es un presentimiento lo que me hace girar antes de que ocurra.
Es una certeza corporal, una contracción leve en el centro del pecho que no responde al miedo, sino a la lectura anticipada de una voluntad ajena cruzando un límite que ya no reconozco como legítimo, y cuando el aire del corredor se vuelve más denso, cargado de una vibración que no pertenece al palacio, entiendo que el mundo exterior ha decidido interrumpir este momento de integración con la torpeza habitual de quienes confunden