417. La herida que aprende a nombrarse.
No es el miedo lo que despierta primero, sino una claridad incómoda, una lucidez que se instala antes incluso de que abra los ojos, como si el cuerpo hubiera decidido adelantarse a la mente para advertirme que algo en mí ya no puede volver a fingir ignorancia, y mientras respiro hondo, todavía envuelta en la penumbra que no pertenece al sueño ni a la vigilia, comprendo que el poder no duerme cuando una lo hace, sino que observa, aprende, recuerda.
Hay una sensación nueva en el pecho, no punzant