418. Donde el deseo aprende a obedecer al nombre.
No es el dolor lo que llega primero, ni siquiera el miedo, sino una especie de expectación íntima, una vibración baja que recorre el cuerpo como si cada músculo, cada pensamiento, supiera antes que yo que el instante que se aproxima no puede ser atravesado sin dejar marca, y mientras camino por los corredores todavía en penumbra, con el pulso firme pero atento, comprendo que ya no se trata de resistir lo que despierta, sino de aprender a escucharlo sin permitir que me gobierne.
El palacio respi