396. Donde el deseo aprende a sostener el mundo.
Lo primero que me atraviesa no es el miedo ni la euforia, sino una forma nueva de quietud, una quietud engañosa, tensa, como la piel justo antes de estremecerse, y comprendo que no he salido intacta de lo ocurrido porque nadie atraviesa un despertar sin perder algo de la forma anterior que lo contenía, y aun así respiro, no con alivio sino con una atención casi devota a cada latido, a cada corriente que aún vibra bajo mi carne como un recuerdo que se niega a dormir.
Siento a Aeshkar incluso cua