378. Estoy ardiendo.
No debería tocarlo así después de lo que acaba de ocurrir, después de la muerte todavía tibia en el aire y del eco de los Selladores disipándose como una amenaza que solo se retira para aprender, pero mi cuerpo no responde a la lógica de la guerra sino a una verdad más antigua, una que despierta cuando el peligro nos deja demasiado conscientes de estar vivos, y por eso mis dedos no se apartan de Aeshkar, permanecen allí donde el calor se concentra, donde su forma late con una intensidad que no