35. Las que muerden primero.
La madrugada huele a fermento lunar, a sudor de cuerpos entrelazados en deseo y resentimiento, a palabras no dichas pero que se perciben en cada respiración contenida, en el roce inadvertido de pieles tensas, en el aroma profundo de secretos guardados bajo la carne y los huesos. Me despierta el temblor de una de ellas: una Beta joven, frágil y a la vez feroz, que ha compartido mi sueño, acurrucándose contra mi calor como si mi cuerpo pudiera salvarla de sus propios miedos, como si mi vientre pu