296. Entonces tú...
La habitación se vuelve más pequeña. El aire se espesa.
Mi cuerpo reacciona antes que mi mente: un temblor leve en las manos, una sensación de calor que sube desde el pecho y me recorre hasta la garganta.
—Entonces tú… —empiezo, pero no termino.
—Sí. —Su voz es un suspiro—. Yo también fui marcado. No por el beso, sino por ti.
El silencio que sigue es tan denso que podría cortarse con una palabra. Pero ninguna basta. Y cuando da un paso hacia mí, cuando su sombra se superpone a la mía, el espaci