297. Este lugar...
Él sonríe, apenas. Esa sonrisa no es de triunfo, sino de reconocimiento, como si en mí encontrara algo que lo desarma más de lo que lo fortalece. El sonido de la lluvia se intensifica. Hay algo casi sagrado en el olor del agua sobre la piedra, en la forma en que el viento mueve las ramas y deja caer pétalos sobre nosotros.
—Este lugar... —murmura él, avanzando un paso— ...no debería existir dentro del palacio. Nadie lo cuida, nadie lo nombra, y sin embargo florece cada año como si recordara alg