263. El suspiro de los fieles.
El salón donde me reúno con ellos no es el de las intrigas oficiales ni el de las recepciones frías que se celebran bajo la mirada de los ojos que siempre quieren pesar mis gestos, sino un aposento secreto, un refugio preparado para las noches en que la política se disuelve en el roce de la piel, donde las antorchas arden bajas y tiñen de ámbar las paredes, y la mesa que en otras circunstancias serviría para desplegar mapas ahora se cubre de copas, frutas maduras y vino espeso, dispuesto como u