258. Cadenas de seda.
El silencio de la noche es engañoso, porque parece ofrecerme calma cuando en realidad esconde la promesa de algo más oscuro y excitante. El aire huele a especias dulces, a vino derramado y a los restos de una cena que nadie terminó; las velas arden con una luz indecisa, proyectando sombras alargadas que se mueven como si esperaran una señal, como si supieran lo que está a punto de ocurrir. Estoy recostada en la cama, con el vestido medio desabrochado, dejando mis hombros descubiertos como una in