259. No te delataré.
El bufón siempre entra sin anunciarse, como si no reconociera puertas ni jerarquías, como si su cojera y sus harapos fueran la máscara perfecta para moverse libre en un palacio que vigila cada sombra. Esta noche lo hace de nuevo: abre la puerta de mis aposentos con una reverencia exagerada, tambaleándose como si estuviera ebrio de su propio ingenio, y suelta un comentario mordaz sobre lo mucho que brillan mis joyas incluso cuando la luz de las velas no alcanza a cubrir mis hombros desnudos.
—Mi