242. La fiesta de la discordia.
El salón brilla con el fulgor de los candelabros, la plata bruñida refleja las luces como si fueran pequeñas lunas atrapadas en las copas de vino, y el murmullo de las voces se entrelaza con la música discreta de los laúdes que se esfuerzan por sonar alegres, aunque debajo de esas notas flota la tensión, invisible y espesa, como un humo que todos respiramos sin atrevernos a nombrarlo. Camino entre las mesas con la seguridad que me da saber que cada mirada se posa en mí, algunas con admiración,