230. El beso en la herida.
El silencio de esta noche es distinto, no es el silencio tenso de la conspiración ni el que pesa cuando los corredores de la corte guardan secretos en sus sombras, es un silencio que parece nacido para envolvernos, que se desliza entre las cortinas de seda y acaricia la penumbra de la alcoba como si también quisiera participar de lo que está a punto de suceder. Estoy recostada en el lecho, mi cuerpo cubierto apenas por la tela ligera de un manto que se adhiere a mi piel como si fuera una segund