229. No necesitas hablar.
La noche se abre ante mí como un telón que revela un escenario íntimo y calculado, una velada que muchos creerían un simple festejo privado, aunque yo sé que cada gesto, cada copa alzada, cada caricia insinuada será también un pacto silencioso, una promesa que se escribe en la piel y no en los pergaminos. Me muevo entre ellos con la seguridad de una anfitriona que entiende que la verdadera diplomacia no está en las palabras repetidas en voz alta, sino en los susurros que se deslizan entre las c