204. Soñabas con él.
La noche se cierne sobre el palacio como un manto demasiado pesado, cargado de silencios tensos y de miradas que huyen de mis ojos. Las lámparas de aceite dibujan sombras inquietas sobre las paredes, y yo sé que algo se mueve en él, un rumor venenoso que ha crecido en su mente hasta convertirse en tormenta. Lo percibo en la manera en que abre la puerta de la alcoba sin anunciarse, en la forma brusca en que me observa mientras estoy descalza junto al lecho, con la túnica floja cayendo apenas de