204. Soñabas con él.
La noche se cierne sobre el palacio como un manto demasiado pesado, cargado de silencios tensos y de miradas que huyen de mis ojos. Las lámparas de aceite dibujan sombras inquietas sobre las paredes, y yo sé que algo se mueve en él, un rumor venenoso que ha crecido en su mente hasta convertirse en tormenta. Lo percibo en la manera en que abre la puerta de la alcoba sin anunciarse, en la forma brusca en que me observa mientras estoy descalza junto al lecho, con la túnica floja cayendo apenas de mis hombros.
No necesito que hable para saber lo que le atormenta. El conspirador me mira como si mis labios llevaran la marca de otro, como si mi piel hubiera sido recorrida por manos ajenas durante la noche, y antes de que su voz me alcance, yo ya siento en el aire la fuerza de su acusación.
—Soñabas con él —me escupe, sin necesidad de decir un nombre.
—¿Con quién? —pregunto con calma, inclinando apenas la cabeza, aunque sé perfectamente de qué habla.
—No finjas, Névara. Te he oído. Susurrabas