154. El ritual de sangre.
El palacio se siente distinto esta noche, no es ya el lugar herido por las traiciones ni el escenario de los banquetes envenenados, sino un templo improvisado donde el aire mismo parece cargado de incienso y presagio, un velo invisible que se pega a la piel y hace que cada respiro sepa a ceniza y deseo. Camino descalza por los corredores que llevan al corazón de la ruina, y mis pasos resuenan como ecos de un juramento que aún no he pronunciado, aunque sé que está esperándome, porque él ha dispue