155. El amante encadenado.
La penumbra de los corredores húmedos me envuelve como un manto que intenta sofocar cada paso que doy, el aire está impregnado del olor a hierro oxidado y de un silencio que parece respirar junto conmigo, como si las paredes mismas supieran a dónde me dirijo y trataran de detenerme; avanzo con la certeza de que al final de este laberinto encontraré lo que temo y deseo a la vez, porque cuando el conspirador me habló con esa frialdad calculada de los prisioneros que aún resisten bajo su poder, alg