140. El banquete de las máscaras.
La noche cae sobre el palacio como un manto de terciopelo húmedo, y mientras los sirvientes iluminan con antorchas los corredores y encienden las lámparas de aceite, yo me visto lentamente frente al espejo, dejando que mis dedos se deslicen por el tejido ligero de la máscara que cubrirá la mitad de mi rostro, una pieza delicada de filigrana dorada que no oculta mis labios pero sí mis ojos, y en ese juego de medias verdades y medias sombras encuentro el verdadero espíritu de esta velada, donde t