139. El precio de los suspiros.
El sobre me espera sobre la mesa como una herida abierta, blanco en su primera impresión pero cargado de un peso que vibra antes de que siquiera lo roce; su superficie es tersa, apenas manchada por un sello roto, y lo tomo entre mis dedos como quien palpa una fruta envenenada, sabiendo que el jugo será dulce y ácido a la vez. Lo abro con lentitud, dejando que el crujido del papel me acaricie, y al desplegarlo la caligrafía se extiende frente a mis ojos como un río de veneno y deseo: alguien ha