132. Bajo la lengua del enemigo.
El aire en la sala vibra con un peso invisible cuando él aparece, ese campeón que nunca dejó de ser mi sombra, incluso cuando creí haberlo desterrado de mis noches y mis pensamientos. No pide permiso, no se anuncia con voz ceremonial ni con gesto humilde, sino que irrumpe con una seguridad que corta la respiración, y cuando sus ojos se clavan en los míos, frente a todos, declara que soy suya, como si las palabras fueran cadenas de hierro que me atan sin que nadie más lo note, aunque todos las e