131. El festín de sombras.
El aire está cargado de un incienso espeso que huele a madera quemada y a flores marchitas, un aroma que se adhiere a la piel como un presagio, y mientras avanzo hacia la sala central donde los líderes ya esperan, mi cuerpo tiembla con esa mezcla de miedo y anticipación que me atraviesa cada vez que el eco se acerca demasiado, como si supiera que va a desnudarme más allá de lo que mis ropas cubren, como si supiera que mis secretos laten bajo la piel con más intensidad que mi propia sangre.
Los