106. Bajo las cenizas del deseo.
El aire huele a hollín, como si el mismo cielo hubiera decidido caer sobre nosotros en una nube de brasas ardientes, y mientras avanzo entre los pasillos del santuario siento que cada piedra vibra bajo mis pies, no con el murmullo solemne que antes conocía, sino con el retumbar de un ataque que jamás imaginé tan brutal ni tan cercano. Los gritos me alcanzan antes que el fuego, el chisporroteo de las antorchas prohibidas y las reliquias que estallan contra los muros como si fueran maldiciones vi