102. El precio del deseo.
El aire me arde en los pulmones cada vez que respiro, como si la revelación que ha marcado mi piel también hubiera impregnado cada fibra de mi cuerpo con un fuego extraño, uno que no sé si quema por dentro para destruirme o si me va transformando poco a poco en algo que ya no soy capaz de reconocer. La marca late en mi costado como una herida viva, no sangra, no supura, pero palpita con cada movimiento, recordándome lo que el eco me mostró: que no soy solo yo, que nunca lo fui, que desde antes