100. Revelaciones en la penumbra.
La noche me recibe con un silencio que no pertenece al mundo de los hombres, sino a ese rincón donde las sombras parecen respirar con una cadencia lenta y húmeda, donde cada paso que doy arrastra conmigo no solo el eco de mis heridas, aún frescas, sino también la certeza de que no volveré a ser la misma, porque la marca que me han dejado no es solo en mi piel sino en la raíz misma de mi deseo, en ese lugar donde la carne se confunde con el alma, y mientras avanzo entre columnas húmedas y pasill