99. Cadenas de placer y dolor.
Nunca pensé que la noche pudiera tener un sabor tan denso, metálico, como si el aire mismo hubiera sido envenenado con la duda y con el veneno de las sonrisas que me tendieron durante la fiesta, pues apenas cierro los ojos recuerdo el fulgor de las copas alzadas, los cuerpos que se movían como olas desatadas, y ahora lo que queda es este silencio áspero, interrumpido por el roce de las cadenas contra mi piel, cadenas que no son solo hierro sino un lenguaje secreto, un recordatorio de que alguie