Cap. 85 Lo sé, Julia
Lo miró, a ese hombre que una vez amó con toda su alma, y pensó en lo que podrían haber sido. Podrían estar disfrutando de sus nietos, de un retiro dorado, viajando, riendo, siendo abuelos excéntricos y felices. En lugar de eso, estaban allí: aliados forzados, cómplices en una guerra sucia, estrategas en un tablero familiar envenenado.
Habían recuperado una forma de complicidad, sí, pero el matrimonio, la intimidad, la confianza ciega... eso tal vez nunca regresaría. El fantasma de Celeste, y