Cap. 34 Siempre lo supe
Una tarde, Alba salió de la habitación de Alicia y lo encontró allí, de pie en el pasillo, como un centinela condenado. Sus miradas se encontraron por un instante que se extendió por una eternidad. En los ojos de Alba no había perdón, pero la rabia feroz de antes parecía haber sido reemplazada por una curiosidad fría, una evaluación serena.
Él bajó la mirada primero, vencido no por ella, sino por el peso de su propia vergüenza.
Alba pasó a su lado sin decir una palabra, pero Lucius sintió el men