Cap. 28 Pronto, mi amor, pronto

La habitación de hospital era tranquila, un santuario de blancura y silencio después del infierno de la villa. Alba descansaba contra las almohadas, una mano protectora sobre su vientre. La confirmación del embarazo era un faro en la oscuridad, una pequeña luz de esperanza que se aferraba con todas sus fuerzas.

Luther entró con dos tazas de té.

—¿Cómo te sientes? —preguntó, su voz áspera, pero su mirada suave.

—Como si hubiera sido atropellada por un camión... literalmente —respondió ella con u
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