Cap. 151 Piense en sus hijos
La riqueza era obscena. Astronómica. Era una fortuna que podía comprar países pequeños. Pero lo que hizo que el corazón de Alba se detuviera fueron las cláusulas adjuntas, escritas en un lenguaje legal enrevesado que, sin embargo, dejaba su intención al descubierto:
"Para garantizar que los intereses de mis nietos sean protegidos de influencias externas que puedan desviar su legado...", el testamento nombraba un Consejo de Tutela y Administración compuesto por tres miembros: el albacea Thibault, un representante del banco fiduciario suizo más hermético… y Lucius Samaniego, "en su calidad de padre y heredero principal del apellido"
Pero había una trampa. Una cláusula, la 12.C, rezaba:
"Cualquier intento, por parte del padre, la madre o cualquier tutor legal, de rechazar, renunciar o impugnar estas herencias en nombre de los menores, será interpretado como una incapacidad o conflicto de interés para salvaguardar el patrimonio de los menores. En tal caso, la administración total de todos